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¿Sueñan los seres humanos con inteligencias artificiales que los reemplacen?

La inteligencia artificial (IA) es un concepto que tiene la particularidad de despertar grandes fantasías, temores e inquietudes. Por un lado, las películas de ciencia ficción han colado en nuestro imaginario historias de dominación planetaria. Por otro lado, pensar acerca de la inteligencia nos coloca frente a la pregunta de qué es, en definitiva, lo propiamente humano.

¿Qué es entonces la IA? ¿Para qué se usa en estos momentos? ¿Para qué podría usarse en los próximos años? ¿Se podrían justificar los imaginarios o las proyecciones de un escenario donde las máquinas sometan a los humanos? ¿Qué preocupaciones suscita en el ambiente educativo? Este artículo explora y explica algunas de estas ideas.

Para empezar, despojemos a la IA de la corporeidad de los robots y hagamos foco en la idea de reproducir artificialmente la inteligencia. La fantasía de desarrollar artefactos que puedan tomar decisiones como los humanos nos acompaña desde hace varios siglos, pero fue a partir del desarrollo de la computación que estas ideas pudieron empezar a concretarse, al considerar que sería posible “programar” sistemas que tomaran decisiones “inteligentes”.

Hasta hace pocos años el modelo utilizado para desarrollar IA consistía en intentar escribir programas de cómputo que emularan el funcionamiento y los procesos de razonamiento de los humanos. Pero esto era una ambición que superaba demasiado las capacidades tecnológicas (el poder de las computadoras era muchísimo menor que el actual). Otro gran inconveniente era la imposibilidad de reducir nuestros procesos de pensamiento a pasos y secuencia de un programa de cómputo, y por último, el gran inconveniente de poder definir nuestra inteligencia: ¿qué es ser inteligente, cómo se toman las decisiones inteligentes, qué procesos lógicos, no lógicos, afectivos, sensoriales sigue nuestra mente? En definitiva, qué instrucciones habría que programar en el sistema para que funcione como una IA.

De esta manera, entendemos la IA como un programa de computación, que en definitiva es una serie de instrucciones escrita en un código que puede ser interpretado por una computadora. La dificultad de poder modelizar nuestra inteligencia para plasmarla y convertirla en una serie de instrucciones hizo decaer el entusiasmo por desarrollar sistemas de inteligencia artificial que acompañó los inicios de la computación en los años 50 del siglo pasado. Hubo que esperar hasta avanzada la primera década de este siglo para que algunos importantes cambios tecnológicos revivieran el sueño de crear IA.

Tres claves para entender la AI

A continuación presentamos tres aspectos de esta tecnología en los que conviene hacer foco para aproximarnos más de cerca a algunos de sus alcances e implicancias.

Interrogantes que rodean el uso de IA

Además de los aspectos que hemos visto, la IA, por ser justamente una tecnología exponencial cuyos desarrollos avanzan rápidamente, plantea aún preguntas en relación con sus alcances e implicancias en los ámbitos en los que actualmente se impulsa, o podría impulsarse, y en nuestras prácticas cotidianas de la vida en sociedad. Veamos algunas de ellas.

Juntos, somos mucho más que dos

Gran parte de la humanidad se encuentra hoy vinculada a algún dispositivo electrónico como los teléfonos celulares, que están constantemente relevando datos sobre nosotros: a dónde vamos, qué escuchamos, qué leemos. Cada uno de nosotros ha generado una enorme base de datos. A partir de ella, los sistemas de IA aprenden y conocen más sobre nosotros. Esta información se utiliza, entonces, para hacernos sugerencias de hacia dónde dirigir nuestro consumo, y no son inocentes, sino que pretenden favorecer un servicio o producto.

Pero más allá de estas recomendaciones, no deja de crecer la preocupación por el uso, la manipulación y la propiedad de todos estos datos. ¿Quiénes son los dueños de nuestros datos? ¿Qué derechos tenemos sobre ellos? Además de la propiedad de los datos y del uso que las empresas puedan hacer de ellos, existe la preocupación acerca de cómo los Estados pueden recopilar datos sobre los ciudadanos para vigilar y monitorear lo que piensa o hace cada persona. Una cámara de seguridad permite observar qué sucede en un espacio público como una plaza, ¿pero pueden también los Estados recopilar lo que la gente piensa?

Por otra parte, pensemos en cuánto de nuestra privacidad perdemos en la medida en que los sistemas de IA nos conocen mejor que nosotros mismos y comparten esos datos con diferentes empresas. Yuval Harari sostiene que hasta cierto punto estos sistemas hacen que perdamos nuestra verdadera libertad de decisión (idea que está en las bases de la sociedad democrática). Creemos que decidimos libremente, pero en realidad lo hacemos a partir de los condicionamientos que nos provee la IA.

El desarrollo de la IA no implica necesariamente imaginar un escenario de exclusión con los humanos. Podemos pensarla como una herramienta para mejorar y expandir las capacidades motrices y cognitivas en la toma de decisiones. A partir de la derrota de Kasparov por la computadora Deep Blue, en 1998, cobra fuerza la idea de “centauros”, es decir, la conjugación entre la inteligencia humana y la artificial, como una combinación más potente para perfeccionar la toma de decisiones. Kasparov sostiene que en el ajedrez no ganan necesariamente “los mejores ajedrecistas”, sino aquellos que logran combinar sus capacidades de ajedrez con los datos y la IA. La IA puede aplicarse para resolver los problemas que aquejan a la humanidad y convertirse en uno de los recursos más poderosos que haya desarrollado la humanidad para asegurarse un mejor futuro.

Fabio Tarasow

Máster en Comunicación y Tecnología Educativa por el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (ILCE) de México, graduado en Ciencias de la Educación por la UBA y docente de nivel primario. Realizó estudios de cine y televisión en la Universidad de Tel Aviv. Es coordinador general y académico, además de docente, del PENT de FLACSO. Se especializa en el diseño, la implementación y la evaluación de entornos de aprendizaje basados en TIC... Ver más

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